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miércoles, 4 de mayo de 2011

Mujeres pintoras

Tradicionalmente se nos ha hecho llegar la idea de que, a lo largo de la historia, la mujer ha estado relegada al ámbito doméstico y que su participación en el campo laboral, científico o artístico ha sido insignificante. Sin embargo, las investigaciones que se están llevando a cabo en las últimas décadas muestran una realidad que matiza mucho esa afirmación.
Es indudable que la mujer ha estado relegada a un segundo plano y que son pocas las artistas, científicas, escritoras o profesionales de otros gremios que han pasado a la posteridad. La cuestión es que el que no sean conocidas no significa que no existieran. Ya durante la Edad Media está perfectamente documentado que las mujeres trabajaban en los talleres familiares gremiales, pero muy raramente firmaban las obras, los productos o aparecían en los libros de contabilidad. Las niñas frecuentaban los talleres, aprendían el oficio y seguían colaborando en el negocio familiar durante toda la vida, a pesar de no ser visibles en la documentación. Muchas veces fue al quedar viudas y ponerse al frente del negocio cuando empieza a nombrárselas. Ya vimos AQUÍ cómo algunos oficios relacionados con la medicina, como las parteras o comadronas, estaban monopolizados por mujeres.
Con todo lo anterior quiero introducir el tema de hoy: las mujeres pintoras. Durante el renacimiento, que es en la época en la que vivieron las protagonistas, los pintores trabajaban en talleres, donde solía haber varios aprendices que ayudaban al artista. Entre esos aprendices se contaban también sus hijas. o niñas con talento.
Estas son las historias de dos de ellas.

Artemisia Gentileschi, Autorretrato
Artemisia Gentileschi, nació en Roma en 1593 y era hija de Orazio Gentileschi, un afamado pintor. Como era habitual, la niña acudía al taller de su padre y éste le enseñó y animó a pintar, viendo las cualidades que tenía su hija. Como por se mujer no podía entrar en la Academia, le buscó un maestro, colaborador suyo: Agostino Tassi. Poco después, en 1612 un episodio marcó su vida para siempre: Tassi la violó. En un principio parece ser que prometió casarse con ella, pero posteriormente renegó de su promesa por lo que Orazio, decidió denunciarlo. Durante la instrucción del caso Artemisia fue sometida a un examen exhaustivo y sometida a tortura para comprobar que decía la verdad. No me resisto a escribir una parte de su declaración:

 Cerró la habitación con llave y una vez cerrada me lanzó sobre un lado de la cama dándome con una mano en el pecho, me metió una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mi el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne.

Tassi fue finalmente condenado a un año de cárcel, pero Artemisia nunca superó completamente aquel episodio, y su dolor se puede ver en sus obras.
Vean la diferencia entre el cuadro pintado por Artemisia y el pintado por Caravaggio sobre el mismo tema: Judith matando a Holofernes.

Cuadro de Artemisia



Cuadro de Caravaggio

Un mes después del juicio se casó, un matrimonio arreglado con otro pintor, lo que le restituyó la "honorabilidad", necesaria en aquel tiempo para poder seguir desempeñando su trabajo y continuó pintando con éxito. Vivió en Florencia, en Venecia, Roma, trabajó durante un tiempo en la corte de Carlos I de Inglaterra junto a su padre hasta que éste murió y posteriormente volvió a Italia, a Nápoles donde poco se sabe ya de sus últimos años, excepto que murió alrededor de 1654.

Más amable fue la vida de otra gran pintora del Renacimiento:

Sofonisba Anguissola, Autorretrato
Sofonisba Anguissola. Nació en Cremona hacia 1532. Era miembro de una familia de la baja nobleza y su padre se interesó en que  sus hijas recibiera una buena educación y cultivaran sus talentos artísticos, de hecho otras cuatro hermanas también fueron pintoras, pero ninguna alcanzó la fama de Sofonisba. a los 22 años se trasladó a Roma y tuvo la oportunidad de conocer y recibir consejos de Miguel Ángel. A pesar de no poder acceder a una formación artística completa por ser mujer, no podía por ejemplo estudiar cuerpos desnudos del natural, se hizo con una considerable fama. En 1558 viajó a Milán para retratar al Duque de Alba que posteriormente la recomendó a Felipe II. En Madrid se convirtió en pintora de la corte además de dama de compañía de la reina Isabel de Valois. En 1570 tras contraer matrimonio volvió a Italia, habiendo recibido de Felipe II una generosa pensión como dote.

Retrato de Felipe II por Sofonisba, tradicionalmente atribuido a Sánchez Coello
Tras quedarse viuda en 1579 y durante un viaje a Cremona conoció a Orazio Lomellino, capitán del barco en el que viajaba y considerablemente más joven que ella. Se casó con él y se instaló en Génova donde gracias a la fortuna de Orazio y a la pensión que le había otorgado Felipe II pudo vivir cómodamente, seguir pintando y gozar de su popularidad. Murió en 1625 a los 93 años de edad.
Podríamos hablar también de Lavinia Fontana, Fede Galizia y otras mujeres que aunque no muy conocidas por el público actual vivieron de su trabajo y fueron reconocidas artistas en su época. Fue el paso del tiempo y los cronistas e historiadores posteriores los que poco a poco las fueron relegando al anonimato.

jueves, 7 de abril de 2011

Cifras y Letras

Durante la mayor parte de nuestra historia la carta fue la forma más común de comunicarse por escrito. La importancia de mantener la confindencialidad de lo escrito supuso desde antiguo una de las grandes preocupaciones de los interlocutores. Las misivas podían ser interceptadas por el enemigo, ser abiertas por personas indiscretas o no llegar nunca al destinatario, por lo que era esencial mantener el contenido a salvo. Para solventar este problema se hizo uso, entre otros sistemas, de la cifra.
La cifra consistía en utilizar un código, bien en forma de alfabeto o de otro tipo, que sólo conocieran los interlocutores de manera que, si alguien más leía la carta, no pudiera entender lo que ponía. Seguro que muchos de ustedes han usado algo parecido cuando eran pequeños, para por ejemplo, copiar en los exámenes, o mandarse mensajitos con otros compañeros.
El primer ejemplo data de la guerra de la Independencia. Se trata de una carta escrita en una partitura, de manera que a simple vista parece música:

A continuación una imagen de la cifra y su equivalencia:

Y por fin la carta descifrada:

Las imágenes se pueden ver mejor AQUÍ,  donde además se explica el origen de los documentos.

El siguiente ejemplo corresponde a la cancillería del Papa Alejandro VI. Era habitual que se usara siempre la misma cifra. El documento procede del Archivo Segreto Vaticano:

Un detalle en el que se ve (aunque no muy bien) que a cada palabra o letra, según el caso le corresponde un símbolo:

Y ahora una carta en la que se utiliza la cifra:
También en este caso en  ESTE ENLACE a la página del Archivo se puede ampliar la imagen y verla mejor.

Por último, un ejemplo de una carta cifrada que Sor María de Ágreda le envió a don Francisco de Borja, amigo y confidente suyo. Cuando su correspondencia con el rey era ya muy conocida, ella empezó a temer que las cartas que le enviaba a su amgio y en las que hablaba muy claramente de lo que pensaba del rey y sobre todo de su valido don Luis de Haro, que no era precisamente santo de su devoción, fueran leídas por ojos curiosos y poner en peligro su relación con el monarca, así que le propuso a don Francisco usar una cifra que le había enseñado su confesor. En este caso cada símbolo corresponde a una letra:


La cifra, que conseguí descifrar después de mucho pensar y gracias a las aportaciones de otros autores es esta (por si alguien se quiere entretener):



La caligrafía, es de Constanza Negueruela, yo tengo bastante peor letra.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Hatshepsut: la reina-faraón

Antes de la famosa Cleopatra, hubo en Egipto algunas mujeres que ocuparon el trono. Tal es el caso de Hatshepsut, la reina faraón de la XVIII dinastía del Imperio Nuevo, que ejerció el poder aproximadamente entre el año 1479 y 1457 a.C. En lo personal, yo le tengo simpatía a esta reina, por razones bastante mundanas, y es que gracias a que reconocí el templo que mandó construir en Deir el-Bahari, muy diferente a los demás, aprobé el examen de Arqueología en la carrera. Así que hoy voy a hablar de ella.
 
Hija de Tutmosis I, fue la única que éste dejó al morir, pues sus hermanos habían fallecido prematuramente. Sin embargo, no fue ella quien subió al trono sino su hermanastro Tutmosis II, hijo de una esposa secundaria o una concubina, y a ella se le nombró Gran Esposa Real (o sea esposa legítima del faraón).

La temprana muerte de su marido abrió de nuevo un problema sucesorio, ya que con ella sólo había tenido una niña. El futuro Tutmosis III, era aún muy pequeño, y era también hijo de una esposa secundaria. La Gran Esposa Real debía ocuparse de la regencia durante la minoría de edad, pero además, esta situación abrió el camino para ella a una posibilidad que pocos se esperaban. 

Hatshepsut, gracias a una cuidada campaña política, consiguió ser nombrada al igual que su sobrino-hijastro: faraón.

Para poder lograrlo, y que su poder quedara legitimado, la reina-faraón se valió fundamentalmente de dos estrategias: por un lado, se presentó a sí misma como descendiente carnal de la divinidad. En Egipto poder y divinidad estaban unidos, de hecho en la época de Hatshepsut, se creía que el faraón era la representación viviente del dios Amón, y, además, era estrictamente necesario para ser faraón ser hijo directo de la divinidad, o sea, del faraón. Ella puso de relieve su legitimidad para alcanzar el trono en este sentido, ya que era hija de Amón, encarnado en Tutmosis I.

Una vez justificado su acceso al trono, recordemos, durante la minoría de edad de Tutmosis III, necesitaba poder mantenerse en él sin que se cuestionara ni su legitimidad ni su poder, de forma que no pudiera ser acusada de usurpadora.

Para ello, Hatshepsut se hizo representar en numerosos relieves y estatuas como hombre, apareciendo por ejemplo, con barba. No se trataba de un caso de travestismo, como de los que hablábamos aquí, sino de que ella asumió el cargo de faraón, y con ello la identidad masculina del cargo, pero sintiendo que era una mujer. Era más una cuestión iconográfica en una sociedad como la egipcia en la que los mensajes políticos y religiosos se transmitían fundamentalmente a través de la imagen. Los atributos por los que se reconocía al faraón eran, entre otros, la barba postiza y esa es la razón, por la que ella optó por retratarse con ella puesta: para dejar claro que era un faraón. En esta misma línea, normalmente no se esculpían sus pechos cuando la figura era de torso desnudo.
El reinado de Hatshepsut fue próspero para Egipto. Se vivió en paz y se llevó a cabo la expedición al mítico país del Punt (lugar legendario donde se encontraban algunas de las mejores especias, que estaría en la actual Somalia), que reportó cuantiosos beneficios al país.

Sin embargo, no ha pasado a la historia como una gran reina, muchos ni siquiera han oído hablar de ella. De hecho, hasta fechas recientes la historiografía la tachaba de manipuladora, usurpadora, se decía que había mantenido casi secuestrado al pequeño Tutmosis, e incluso durante mucho tiempo estuvo borrada de las listas de los faraones. ¿Qué pasó para que esto fuera así?

Hoy en día sabemos que no mantuvo mala relación con Tutmosis III, de hecho muchas veces se hizo representar con él, apareciendo juntos como los dos faraones de Egipto. Cuando el niño, ya adulto, alcanzó el poder, no se dedicó a destruir ninguna de las obras de su tía-madrastra, sino que fue después con la dinastía Ramésida, con Seti I y Ramsés II, fundamentalmente, cuando se destruyeron sus estatuas y se la hizo desaperecer del mapa.

La razón posiblemente tuviera que ver con la repercusión que el ejemplo de Hatshepsut pudiera tener en otras mujeres, por lo que para “prevenir” que ocurriera algo así de nuevo, se prefería que no quedase constancia de su existencia.

Sin embargo, según los expertos, la historiografía actual, o por lo menos después de Egipto fue la que verdaderamente, construyó la “leyenda negra” de Hatshepsut de la que hoy poco a poco va desembarazándose.
En el siguiente vídeo se explican en profundidad algunas de las cuestiones que hemos expuesto aquí.

martes, 22 de marzo de 2011

Textos que me gustan 1: Salustio, La Conjuración de Catilina

En esta nueva sección iremos incorporando textos históricos que nos gustan por su relevancia, por su actualidad, por su comicidad... en fin, por el motivo que sea.

"Pero cuando nuestra nación se hubo engrandecido mediante el trabajo asiduo y la práctica de la justicia, cuando los grandes reyes fueron subyugados en la guerra, y las tribus salvajes y los poderosos pueblos por la fuerza de las armas; cuando Cartago, el rival de la preponderancia de Roma, hubo perecido desde sus raíces hasta sus ramas, y todas las tierras y los mares se abrieron, entonces la Fortuna comenzó a ser cruel y a traer confusión en todos nuestros asuntos. Aquellos que habían soportado con facilidad penurias y peligros, ansiedades y adversidades, descubrieron que el ocio y la riqueza (deseables en otras circunstancias) resultaron ser una carga y una maldición. Así que, primero la avidez por el poder, y después por el dinero, se acrecentó entre ellos; esas fueron, diría yo, las raíces de todos los males. Pues la avaricia destruye el honor, la integridad y todas las otras nobles cualidades; fomentando en su lugar la insolencia, la crueldad, el descuido respecto a los dioses, el ponerle precio a cualquier cosa. La ambición condujo a muchos hombres a ser falsos; a encerrar en su seno un pensamiento y tener listo otro en la lengua; a valorar a los amigos y los enemigos, no por sus méritos, sino según el interés egoísta, y mostrar una buena apariencia, en vez de un buen corazón. En un principio, estos vicios crecieron con lentitud, pues, de vez en cuando eran castigados; por último, cuando la enfermedad se hubo esparcido como una plaga mortífera, cambió: el estado y un gobierno que no cedía a ningún otro en justicia y excelencia se volvió cruel e intolerable."

Aunque parezca mentira, este texto fue escrito por Salustio, historiador romano y partidario de César, que vivió en el siglo I a.C, y en él se lamenta del declive que ha sufrido Roma tras el triunfo sobre Cartago. Cómo tras una época de lucha, las vacas gordas contribuyeron a la corrupción del sistema. ¿Les suena de algo? Seguramente que todos ustedes serían capaces de reescribir el texto y, cambiando los nombres, redactar un artículo de rabiosa actualidad. No hay nada nuevo bajo el sol y precisamente para eso puede servirnos la historia: para conocernos, para reconocer lo que está ocurriendo y poder realizar, en nuestro caso como ciudadanos, un análisis correcto de la realidad, al margen de lo que muchas veces nos quieren contar.

Salustio, La conjuración de Catilina.

martes, 11 de enero de 2011

Comer con las manos

La Historia de la vida cotidiana, aunque denostada por muchos que piensan que no se dedica a temas "importantes", es una de las tendencias historiográficas que mayor vitalidad tienen en nuestros días. A mi, personalmente, me interesa mucho y por eso dedicaré parte de este blog a darla a conocer. Saber cómo vivían nuestros antepasados es fundamental para tener una idea, lo más aproximada posible, de la realidad y no quedarnos en la historia que sólo se dedica a hablar de alta política, economía y  vida de reyes, que siendo importantísima, no refleja la vida de la mayoría de la población.

Una historiadora que se dedica a estos temas y que recomiendo calurosamente es Raffaela Sarti, de cuya obra ya me serví aquí, y que hoy vuelvo a recuperar para hablar de los hábitos en la mesa.La aparición del uso de los cubiertos significó un cambio importante en la relación de los occidentales con la comida, ya que no es lo mismo comer un filete con cuchillo y tenedor que lanzarse a comerlo con las manos. El uso de cubiertos, significa, sobre todo, una señal de civilización, en cuanto control de los impulsos primarios, animales.

La cuchara era ya conocida en Egipto. En Roma había al menos dos tipos, que se usaban dependiendo de que se comiese con ella: la cochlear, que tenía forma de concha se utilizaba para comer moluscos, tomar medicinas o huevos y la ligula, plana en forma de hoja, para pinchar los trozos de comida, por lo que, en realidad, sería más un antecedente del tenedor.

Ya en la Edad Media se usaban cucharas además de metal, de madera y por supuesto, en las mesas más distinguidas, de oro y plata. Con el paso del tiempo su uso se fue generalizando entre la población y fueron surgiendo más modelos en más materiales.

El cuchillo, como instrumento para cortar, tiene una larguísima historia, pero no tanto si hablamos de un cuchillo pequeño pensado exclusivamente para usar en la mesa. Parece ser una aportación de los "bárbaros" que lo introdujeron en el Imperio Romano. Durante la belicosa Edad Media se limitó el uso del cuchillo doméstico en la mesa, ya que podía resultar intimidatorio, y fue a partir del Renacimiento, cuando empezó a verse poco fino pinchar la comida con la punta para llevársela a la boca, cuando se empezó a usar  uno de punta redonda para cortar y de la función de pinchar se encargó el tenedor.
 
  Los romanos usaban trinchantes y útiles tipo tenedor pero sobre todo en la cocina, no en la mesa. Los tenedores, como tales, tienen su origen en Bizancio, donde aparecen alrededor de los siglos X y XI. En la Europa occidental, se comía con las manos y se usó muy poco durante la Edad Media por una razón unida precisamente a su origen bizantino. Y es que durante ese periodo el Cisma entre la Iglesia de Roma y la Iglesia Ortodoxa provocó una fuerte tensión entre ambas, por lo que el clero romano veía en el tenedor una especie de símbolo del demonio. De nuevo fue el Renacimiento y su gusto por el refinamiento, el responsable de la adopción del tenedor en las mesas de Italia y posteriormente del resto de Europa Occidental aunque de manera lenta y con grandes diferencias regionales.

Al margen de lo anecdótico de estos datos, lo cierto es que conocer de qué manera se llevaba a cabo el acto de la comida es indispensable para conocer cómo era la sociedad, ya que en la mesa se expresaban las principales relaciones sociales.Formar parte de una familia y comer juntos estuvo indisolublemente unido durante mucho tiempo, de tal forma que, por ejemplo, en el mundo católico donde no existía el divorcio, estaba estipulado que los cónyuges pudieran separarse "de hecho" estableciendo una segregación "de mesa, cama y casa". O también, una de las maneras de demostrar la existencia de una relación entre un hombre y una mujer que no estaban casados era la evidencia de que "comían juntos".

La mesa era también el lugar donde se marcaba la jerarquía social, sexual y genracional. En varias zonas de Europa durante la Edad Moderna, por ejemplo en ciertas áreas del norte de Italia, los hombres comían sentados y las mujeres y los niños de pie. Lo que servía para marcar la jerarquía dentro de la familia.Otra investigación hecha en Alemania, nos muestra la coexistencia de diferentes maneras de "sentarse a la mesa". Una de ellas es la ya mencionada, pero también hay ejemplos en los que todos los miembros se sentaban en la mesa ordenados según su "rango". El cabeza de familia en la cabecera, los hombres a un lado y las mujeres a otro, de modo que los hijos varones y los criados más importantes estuvieran más cerca del padre de familia. En otra variante, la más reciente, los miembros de la familia se sentaban en una mesa y los criados en otra aparte que podía estar en otro cuarto.

En fin, numerosos ejemplos que demuestran que, en las sociedades del Antiguo Régimen donde la jerarquía social era fundamental para el mantenimiento del sistema, el acto cotidiano de la comida era un instrumento más de ejemplificar, de escenificar el lugar que cada uno ocupaba en la sociedad. ¿Y usted dónde se sienta en la mesa?