Mañana 22 de septiembre en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza se celebrará la Jornada
Tolerancia e intolerancia en la Edad Moderna (A propósito del centenario de Miguel Servet)
Se darán cita en ella especialistas en la materia tanto españoles como extranjeros. El programa se puede ver en el link y la entrada es libre.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
viernes, 16 de septiembre de 2011
Aragoneses por el mundo: Antonio Gavín
Hoy y para empezar la temporada traemos la historia de Antonio Gavín, (un aragonés que podría haber protagonizado un programa de "Aragoneses por el mundo") a propósito de la publicación por la Institución Fernando el Católico de su obra El licenciado Lucindo o el cura canalla (a cargo de Genaro Lamarca) y de la conmemoración de su muerte, que se produjo a mitad de septiembre de 1750.
Puede que su nombre no les suene de nada, pero si les decimos que su obra A Master-Key to Popery (El antipapismo de un aragonés anglicano en la Inglaterra del siglo XVIII) publicada en Inglaterra en 1726, tuvo 15 ediciones entre los siglos XVIII y XIX, es decir, posiblemente más ediciones que ninguna otra obra española de los siglos modernos, a excepción de El Quijote y La Celestina, y fue traducido al francés al alemán y al holandés, se comprende la necesidad de revisar, como en tantos otros casos, qué es lo que hace que un personaje pase a la historia o no, y si conocemos suficientemente bien el pasado o sólo lo que por diversos motivos ha interesado que perdurara en la memoria colectiva. La revisión de lo que sabemos es una necesidad constante en la ciencia histórica.
Antonio Gavín nació probablemente en Zaragoza en 1682. Desconocemos casi todos los datos referentes a su familia. Estudió con los jesuitas y, posteriormente, Teología en la Universidad de Zaragoza. Fue ordenado sacerdote en 1705. Comenzó entonces lo que parecía podía llegar a ser, por sus importantes contactos sociales, una brillante carrera eclesiástica como confesor de la Catedral de El Salvador, La Seo, de Zaragoza, y muy pronto se hizo miembro de la Academia Moral de la Santísima Trinidad.
La ciudad sufrió mucho en esos años con la Guerra de Sucesión que tuvo terribles consecuencias para la población. La mayor parte del bajo clero se puso de parte de los austracistas (la Casa de Austria, a la postre perdedora de la guerra), mientras la mayor parte del alto clero aragonés, con el arzobispo de Zaragoza y la Inquisición a la cabeza, estaban de parte de los Borbones.
Seguramente por su pertenencia al bajo clero y por sus relaciones familiares Gavín se posicionó en el bando austracista. Perseguido por la Inquisición debido en buena parte a sus actividades políticas, y, aprovechando su relación con James Stanphone, general al mando de las tropas inglesas, huyó a Londres en 1711. Pero su viaje no fue directo y antes de llegar a la capital inglesa pasó por París, San Sebastián, Oporto y Lisboa, un periplo que duró más de tres años. Durante ese tiempo Gavín experimentó una evolución en su pensamiento y creencias que le llevó, a su llegada a Londres, a solicitar y conseguir ser admitido como pastor anglicano. Primero en castellano y posteriormente ya en inglés, Antonio Gavín se dedicó a predicar el anglicanismo en Irlanda (1720) donde combatió el catolicismo imperante con sus sermones y donde comenzó a escribir su libro A Master key to Popery.
Lo siguiente que sabemos de él es que entre 1724 y 1734 sirvió como capellán de los ejércitos ingleses, acompañándoles a Londres o Gibraltar, tras lo cual fue enviado como párroco a las colonias británicas de América del Norte, concretamente a Virginia.
Allí permaneció hasta el final de sus días, aunque cambió de lugar de residencia muy a menudo y donde se vio involucrado en enfrentamientos constantes con sus parroquianos. Una de las principales razones del enfrentamiento era su oposición a la esclavitud, pieza clave, ya en esos años, de la economía de Virgina.
En 1744 Antonio Gavín se encontraba ya enfermo, contaba con 62 años, y redactó su testamento en el que legaba todos sus bienes a su esposa Rachel. Poco más de 6 años después Gavín murió, a mediados de septiembre de 1750.
Años más tarde, su biblioteca, o al menos parte de ella, fue a parar a manos de Thomas Jefferson, el principal autor de la Declaración de Independencia de los EEUU, ante el que es probable que hubiera predicado alguna vez.
La obra de Gavín A Master-Key to Popery se publicó en inglés en tres volúmenes, en ella trata de demostrar la corrupción de los clérigos católicos a partir de múltiples ejemplos, especialmente en los problemas en la confesión, las bulas o la Inquisición. El licenciado Lucindo se encuentra en el segundo volumen.
La IFC también publicó en 2008 la versión castellana de 1724 El antipapismo de un aragonés anglicano en la Inglaterra del siglo XVIII.
El texto está extraído de la introducción que Genaro Lamarca hace a la edición.
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jueves, 1 de septiembre de 2011
El Verano
Hace algunas semanas que no ha habido actualizaciones en el blog, ya que diversos motivos tanto profesionales como personales nos han mantenido alejados de él. Nuevos proyectos que han necesitado de nuestra atención y las vacaciones de verano no nos han permitido dedicar el tiempo necesario a En la Historioteca.
Pronto volveremos con más historias y esperamos que ustedes sigan ahí, leyéndonos.
Gracias.
Pronto volveremos con más historias y esperamos que ustedes sigan ahí, leyéndonos.
Gracias.
martes, 28 de junio de 2011
Mala leche
Seguro que todos han empleado alguna vez esta expresión y algunos se habrá preguntado de dónde proviene. Durante muchos siglos se pensaba que a través de la leche con la que se amamantaba a un bebé se le hacían llegar las virtudes y los defectos de la madre o la nodriza. De ahí que tener mala leche tiene su origen en la creencia de que la persona en cuestión había sido alimentada con leche, digamos "defectuosa" o poco virtuosa.
La lactancia era una cuestión muy importante ya que iba indisolublemente unida a la perpetuación de las familias, los bebés debían ser alimentados por las mujeres para conseguir que llegasen a adultos y así heredar y continuar la saga familiar.
El arte no fue ajeno a este interés y durante la Edad Media abundaron las imágenes de las llamadas vírgenes de la leche, es decir, representaciones de la Virgen María dando de mamar a Jesús. Se trató de un tema iconográficos que tuvo mucho éxito muy repetido, pero al llegar la contrarreforma el modelo fue cambiando sutilmente mostrando menos la desnudez de María, ocultando sus pechos.
Aquí van algunos ejemplos:![]() |
| Antonio Peris 1410 |
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| Pablode San Lecodadio siglo XV |
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| Luis de Morales fines siglo XVI |
Actualmente la creencia más extendida es que la leche materna es el mejor alimento para el recién nacido, siempre que sea posible, pero las cosas no se veían igual durante por ejemplo la Edad Media o la Edad Moderna.
Las mujeres de clase alta y sus maridos solían criar a sus hijos con nodrizas. Tenían a las nodrizas internas en casa o les pagaban para que acudiesen a la casa a dar de mamar al bebé. Se trataba de algo costoso que no todas las familias podían permitirse y a veces se reservaba al primogénito, o en algunos casos a los hijos varones. Sí que parece que la tendencia era destetar a las niñas antes que a los niños.
La elección de la nodriza era una cuestión importante porque, como hemos dicho, transmitiría al bebé rasgos de su forma de ser, por lo tanto que fuera una mujer virtuosa, buena cristiana, humilde y bondadosa eran requisitos muy deseables en un ama de cría.
Ya en el siglo XVI se empezó a observar que la mortalidad entre los niños criados con nodriza era más alta que los amamantados por su madre y los médicos empezaron a recomendar la lactancia materna. Pero entonces, ¿Por qué las familias nobles y pudientes seguían eligiendo nodrizas? Las razones son varias y de diferente tipo. En primer lugar el convencimiento de que la lactancia estropeaba a las mujeres. En efecto muchas mujeres que daban de mamar a sus hijos tenían los pechos dañados por heridas y mordiscos ya que se les solía destetar cuando ya tenían dientes. La dieta poco equilibrada o con carencias en ciertos nutrientes también favorecía que las mujeres tendieran a adelgazar, lo que no era una ventaja en la época. Así, y ya que se consideraba que las mujeres del campo eran más fuertes y resistentes que las damas, parecía más apropiado que ellas se encargaran del amamantamiento.
Además, las mujeres que daban de mamar no podían seguir el ritmo de salidas nocturnas, funciones de teatro, reuniones... Los corsés apretados tampoco les favorecían y muchas dejaban de amamantar a sus hijos para poder seguir con su vida social. Las técnicas utilizadas para interrumpir la lactancia, sin embargo, les provocaban en muchos casos inflamaciones e incluso tumores, por lo que, en general, preferían que ni siquiera les subiera la leche.
A estos factores, que hoy en día pueden parecer frívolos, se unen otros de mayor calado. En la Edad Moderna se sabía que la lactancia retrasaba la vuelta a la fertilidad tras el parto. El interés por asegurar herederos, y teniendo en cuenta la alta mortalidad infantil antes de los 5 años, hacía necesario tener varios varones que aseguraran que aunque alguno muriese hubiera hermanos que pudieran ser nombrados herederos en su lugar y dieran continuidad al apellido y la fortuna familiar.
Así, la frecuencia de los embarazos hacía que las propias mujeres buscaran aligerar algo de peso y delegaran la tarea del amamantamiento.
A pesar de todo esto, la mayoría de los niños era alimentado por su madre y con el trascurso del tiempo, sobre todo a partir del siglo XVIII la lactancia materna como método preferible, se fue imponiendo poco a poco. La preocupación por la higiene que se intensificó en esa centuria, también contribuyó a que las familia spudientes no confiaran en nodrizas que normalmente vivían en condiciones insalubres.
En la Holanda protestante y la Inglaterra puritana las mujeres empezaron a ver como una obligación moral e incluso religiosa el alimentar a sus hijos ellas mismas. El mayor control de la natalidad, con una disminución en el número de hijos y por tanto, el aumento del tiempo que se le podía dedicar a cada uno, así como la mejora de la alimentación artificial para recién nacidos también ayudaron a que las nodrizas fueran requeridas cada vez menos.
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martes, 14 de junio de 2011
Textos que me gustan 4: Maquiavelo, El Príncipe
[...] Esto nos conduce a una cuestión que está en disputa: ¿Es mejor ser amado que temido, o viceversa? Mi contestación es que uno debería ser amado y temido; pero, puesto que es difícil satisfacer ambas al mismo tiempo, sostengo que es más seguro ser temido que amado, si uno se ve obligado a excluir una de las dos opciones. Pues, un hombre puede, en general, decir esto: ellos son desagradecidos, volubles, falaces y engañosos, eluden el peligro y desean obtener ganancias. En la medida en que uno sirva a sus intereses son fieles. Prometen su sangre, sus posesiones, sus vidas, y sus hijos, como dije antes, en la medida en que uno no parezca necesitar de ellos. Pero, tan pronto uno requiera de ellos se vuelven contra uno.
Cualquier gobernante que confíe simplemente en sus promesas y no tome ninguna precaución será destruido. Pues uno descubrirá que a los que se les ha comprado su favor, no acudirán a apoyarlo porque admiren su fuerza, carácter o nobleza de alma; ellos son personas a las que se les paga, pero nunca serán de uno, y al final no se obtendrá el beneficio de la inversión.
Los hombres temen menos ofender a alguien que se hace querer, que alguien que se hace temer. Ya que el amor ata a los hombres con lazos de obligación, que (en vista de que los hombres son perversos) rompen siempre que sus intereses están en juego. Pero el miedo limita a los hombres porque temen ser castigados, y este miedo nunca los abandona. Empero, un gobernante deberá hacerse temer de tal manera que, si no inspira amor, al menos no provoque aversión. Ya que es perfectamente posible ser temido sin ser odiado. Únicamente se le odiará a uno si se apodera de la propiedad o las mujeres de sus súbditos y ciudadanos. Siempre que mate a alguien, asegúrese de tener una excusa adecuada y una razón obvia; pero, sobre todo, mantenga sus manos fuera de la propiedad de la gente; pues las personas olvidan más rápido la muerte de su padre que la pérdida de su herencia.
El texto de hoy pertenece a una obra controvertida en su época y que sigue hoy en día suscitando opiniones encontradas. Maquiavelo escribió El Príncipe en 1513, aunque no se publicó hasta 1532, cuando su autor ya había fallecido. Está concebido como "manual" para futuros gobernantes, algo muy del gusto del Renacimiento, donde era muy frecuente escribir tratados sobre cómo debía ser el rey ideal, la mujer ideal, el príncipe ideal... Sus ideas, sin embargo, no eran tan tradicionales. La máxima "el fin justifica los medios" sigue generando debate en la actualidad. En este fragmento, Maquiavelo, insta a los gobernantes a ser temidos por el pueblo como medio de mantener el control y salpica su razonamiento de ejemplos en los que, desde mi punto de vista, retrata perfectamente la condición humana, y es eso lo que me gusta del texto. Una vez más vemos que no somos tan diferentes de nuestros antepasados. ¿Ustedes qué opinan? ¿Están de acuerdo con Maquiavelo?
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