Inauguramos una nueva sección del blog: encuestas.
Con esta propuesta pretendemos sondear la opinión que les merecen los temas que tratamos en este blog: la divulgación histórica, la investigación, las novelas, películas o series de temática histórica, etc.
Comenzamos con una pregunta muy general. ¿Qué opina de la divulgación histórica que se hace en la actualidad?
A partir de aquí y de los resultados iremos descendiendo a cuestiones más concretas que nos ayuden también a conocer qué aspectos pueden resultarles más interesantes y abordarlos en el blog.
Esperamos su participación.
Gracias
¡A votar!
jueves, 10 de febrero de 2011
Historia nacional, historia global
| Catedral de Goa, construida bajo la dominación portuguesa |
Yo recordé inmediatamente la famosa conquista de México de Hernán Cortés y cómo el de Medellín se había apoyado en los tlaxcaltecas para sitiar y tomar Tenochtitlan. Pero enseguida mis pensamientos se fueron a otra parte: en el siglo XX y en esta primera década del siglo XXI Occidente se ha empeñado en difundir valores democráticos hasta el más recóndito rincón del planeta, a menudo mediante imposiciones y métodos poco democráticos -pero no me detendré en este aspecto-, y ha considerado que ha ejercido en sus colonias, primero, y en los estados que se constituyeron independientes, después, un papel de guía hacia la puesta en práctica de un ideario basado en el respeto a las libertades fundamentales del individuo y a los Derechos del Hombre. Ese camino, si nos miramos a nosotros mismos, parece evidente pero cabría preguntarse si no sería necesario recorrerlo en sentido contrario: los contactos de los europeos con otros pueblos, aparte de desembocar en guerras, condujeron a un diálogo con el otro y, tras la descolonización, en un necesario entendimiento; las diferencias culturales contribuyeron a aceptar la diversidad en las sociedades de las metrópolis; e incluso aspectos más mundanos como la gastronomía o la moda, que creemos nuestros, se vieron afectados y modificados por una fuerza que venía desde fuera.
Las historias que antes se creyeron nacionales, no lo son más -o al menos, no pueden ser entendidas sin ser encuadradas en un contexto- y no porque ahora se haya puesto de moda la globalización sino porque antes de que se acuñase ese término los procesos históricos ya estaban envueltos en ella.
Etiquetas:
Historia Global,
Reflexiones
jueves, 3 de febrero de 2011
Hoy vengo a hablar de mi libro
Pues sí, hoy dedico la entrada del blog a hablar de mi libro. Se titula Misticismo y conspiración: Sor María de Ágreda en el reinado de Felipe IV y es la versión revisada de mi tesis doctoral, que ha publicado la Institución Fernando el Católico.
Es la primera monografía que publico y aún se me hace un poco extraño ver mi nombre en la portada de un libro, pero es una sensación agradable, sobre todo al pensar en el esfuerzo que llevó primero, escribir la tesis y luego reescribirla para el libro.
Para los que no sepan nada de Sor María de Ágreda diré que fue una monja española del siglo XVII que mantuvo correspondencia durante 22 años con Felipe IV, que supuestamente se bilocaba (es decir, estaba en dos sitios a la vez) y mientras su cuerpo estaba en el convento de Ágreda, estaba también catequizando indígenas en América y además escribió una biografía de la Virgen María titulada La Mística Ciudad de Dios.
Yo me dediqué a revisar la imagen que se había construido de ella, intentando acercarme a la realidad del personaje y no quedarme en el mito. En la contraportada del libro lo resumo así:
La correspondencia con Felipe IV, la Mística Ciudad de Dios y la bilocación en América son los tres pilares en los que se basa la imagen que de Sor María de Ágreda ha llegado a nuestros días. Esta imagen, sin embargo, no muestra la verdadera complejidad del personaje, ya que corresponde, en buena medida, a un modelo elaborado, fundamentalmente por parte de su orden, y cuyo proceso de construcción se analiza en este libro. A través de sus páginas se ofrece una nueva y reveladora imagen de Sor María de Ágreda en la que el lector podrá ir descubriendo facetas y episodios de su vida hasta ahora poco o nada conocidos que le permitirán tener una visión más completa de quién fue en realidad la religiosa agredana. Además, de la mano de Sor María y su entorno se obtendrá una panorámica íntegra del reinado de Felipe IV, desde la vida cotidiana en la pequeña villa castellana hasta la alta política de la Corte, pasando por conspiraciones, guerras y episodios sobrenaturales.
Y es que en la Corte, efectivamente, pasaba de todo y todos intentaban sacar provecho y ganar influencia ante el monarca, así que entre órdenes religiosas que intentaban tener más "santos" que las demás, nobles, confesores y cortesanos las intrigas y las conspiraciones estaban a la orden del día.
En fin, que ya está aquí, publicado, mi libro.
Etiquetas:
Edad Moderna,
En primera persona,
Historia de la mujer,
Libros
jueves, 27 de enero de 2011
La Princesa de Éboli: haciendo historia
Si en el post anterior hablábamos del trabajo en el archivo de manera metafórica, hoy les ofrecemos un ejemplo de cómo se hace HISTORIA.
Esta semana he asistido a un seminario impartido por el profesor Trevor Dadson del Queen Mary de Londres en el que nos ofreció las últimas novedades de su investigación y que yo escuetamente les voy a transmitir.
Por tanto, la información que aparece en este post es inédita.
El profesor Dadson comenzó hace más de 30 años a estudiar la poesía de Diego de Silva, un poeta del Siglo de Oro español. Diego era el hijo favorito de la Princesa de Éboli. A partir del estudio de su poesía, se fue interesando además por su vida, y buscando en Archivo Histórico Nacional (AHN) información sobre Diego, encontró, por casualidad, en el fondo Osuna (que, para los que no lo sepan, es un fondo compuesto por unos 9000 legajos poco o mal catalogados, o sea, inabarcable e imposible de trabajar sistemáticamente) 2 memoriales desconocidos de la Princesa de Éboli y comenzó a interesarse más por ella.
Más adelante hablando con una colega, se dieron cuenta de que ambos tenían mucha información sobre Doña Ana de Mendoza que estaba inédita y de ahí nació el proyecto de publicar todos los documentos que llevasen la firma de la Princesa. No los que hablasen de ella, sino los que ella misma escribió o los que mandó redactar y firmó de su puño y letra.
Al comienzo de la investigación se conocían unos 47 documentos entre cartas y documentos notariales. Hoy la cifra se eleva a 420.
La búsqueda por diferentes archivos y bibliotecas ha sido titánica, y aún quedan cartas que se sabe que existen pero no se sabe dónde están. En cualquier caso el resultado es fabuloso.
De una cifra ínfima a una ingente. Y lo que es más importante: cambia sustancialmente la imagen que se tenía de ella. Así se hace la historia.
La Princesa de Éboli, Doña Ana de Mendoza 1540-1592 (más datos de la imagen tradicional aquí) pertenecía a una de las familias más importantes de la Castilla del siglo XVI. Muy joven se casó con Ruy Gomez de Silva y tuvo seis hijos. Era muy guapa y muy culta, y su rasgo característico era el parche que llevaba en su ojo derecho, que perdió o se dañó de niña.
Hasta la muerte de su marido se puede decir que su vida transcurrió apaciblemente, pero al quedarse viuda con seis hijos las cosas cambiaron radicalmente para ella. Tuvo que defender su posición y la de sus hijos de los que querían, aprovechando la debilidad jurídica y social de una mujer sola, hacerla a un lado.
Pero la Princesa es conocida por su supuesto affaire con Antonio Pérez, secretario de Felipe II y su supuesta participación en la muerte de Juan Escobedo, tema del que hablamos aquí. Fue encarcelada en 1579 por orden de Felipe II, que actuó contra ella con una dureza inusitada y vivió recluida para el resto de su vida.
La literatura, el cine y la televisión se han ocupado de su figura, pero distorsionando la realidad o apegándose a clichés trasnochados. El último ejemplo es la miniserie que Antena 3 le dedicó, donde el rigor era tan escaso que aparecía con el parche en su ojo izquierdo en lugar de en el derecho.
![]() |
| Ana de Mendoza por Sofonisba Anguissola |
![]() |
| Belén Rueda en la serie de Antena 3 |
Con la nueva información que aporta Trevor Dadson, ahora sabemos que mantuvo durante muchos años una muy buena relación con Juan de Escobedo, por lo que es difícil de creer que tuviera algo que ver con su muerte. También es muy improbable que mantuviera ningún tipo de relación amorosa con Antonio Pérez, ya que no existe ningún documento que apoye este rumor, ni siquiera sus múltiples enemigos hicieron nunca referencia a ello.
Fue una excelente administradora de sus bienes y de los bienes de sus hijos. A pesar de que al quedarse viuda no tenía ni idea de llevar las cuentas, fue aprendiendo poco a poco y movió adecuadamente su dinero para no caer en la ruina.
Doña Ana a través de sus cartas se muestra como una mujer muy orgullosa, muy consciente de la grandeza de ser una Mendoza y con un carácter muy fuerte.
Existen documentos que aluden a lo malhablada que era y de cómo se expresaba con palabras malsonantes en sus cartas.
La relación con su padre fue muy conflictiva. No se aguantaban. Su padre, al parecer, era muy mujeriego y Ana no podía soportar que estando ella y su madre, metiera a sus amantes en casa. La Princesa era hija única y por tanto heredera de la fortuna familiar. Para intentar evitar que esto ocurriera, nada más quedarse viudo, su padre volvió a casarse con una muchacha mucho más joven con el único propósito de tener un hijo y poder desheredar a Ana. Como venganza, ella se dedicó a propagar por la Corte el rumor de que su padre había fallecido, lo que encolerizó a su padre que dejó de cobrar algunas rentas porque sus deudos le creían muerto.
Sin embargo, el enigma que queda por resolver, y posiblemente nunca se resuelva, es por qué Felipe II fue tan duro con ella, mucho más que con Antonio Pérez, y por qué nunca la perdonó.
Todo lo anterior es sólo un aperitivo de lo que aparecerá en la biografía que está preparando Trevor Dadson y que será una obra que, finalmente, estará a la altura de Doña Ana de Mendoza.
Etiquetas:
Cine y Televisión,
Edad Moderna,
Investigación,
Reflexiones
lunes, 24 de enero de 2011
A la pesca del legajo
Siempre he pensado que ir al archivo es como salir de pesca: hay días que echas las redes y vuelves a casa con kilos y kilos de pescado y otros en los que, después de haber estado horas y horas a la espera de una buena captura, regresas de vacío. Claro que mi afición a la pesca también me ha hecho darme cuenta de que no es lo mismo lanzar la red y tirar de ella que ir pertrechado con una simple caña. No es lo mismo ir a sardinas que a por bonito del Norte. Para alguien que como yo se dedica a temas de historia de la diplomacia y las relaciones internacionales, sumergirse, por ejemplo, en los papeles de Estado de Simancas es una maravilla: series y series completas de consultas con precisas informaciones de los embajadores en París, Londres o Roma que llegan a su destino semanalmente. Cuando estoy ahí siempre pienso en las redes y también en que el trabajo es entretenido y aparentemente sencillo y que volveré a casa cargado de notas. Sin embargo, sé que mientras me aplico a la sardina en el mar, las truchas se esconden en los fríos ríos de la sierra y que para atraparlas no hay red que valga. Una buena pieza, también para nosotros historiadores, es como una trucha. Hay que trabajarla. Subir el curso del río contracorriente, saltar de piedra en piedra, mojarse (ya se sabe, el que quiera peces...) y lanzar y recoger mil veces la cucharilla. Las truchas se esconden en las sombras, en las aguas frías y se alimentan de insectos que caen al agua. La cucharilla es la fórmula para atraparla pero sé que si lanzo la caña en un remanso lleno de gente, donde acuden todos, no tendré recompensa. Si, en cambio, me adentro en zonas inhóspitas y poco exploradas es probable que obtengan un buen trofeo y el reconocimiento de mis compañeros pescadores. La satisfacción será mayor con la captura de un raro ejemplar que con la red llena de comunes peces y quién sabe si habré incluso descubierto un buen caladero. Esa es la pesca del legajo. Las series documentales son magníficas y esenciales pero las truchas distinguen a los buenos investigadores.
Eso sí, un último consejo: de nada servirá disponer de la mejor materia prima si no la sabemos cocinar y acompañarla de una rica guarnición. Lo que se encuentra en el archivo no vale con sacarlo de ahí y citarlo y volverlo a citar. Hace falta reflexión, bibliografía y más reflexión. Yo, por ahora, estoy en ello aunque no sé si habré alcanzado ya el grado de cocinillas.
Etiquetas:
Reflexiones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



